Colonia ya tiene dueño. El FC Barcelona levantó ayer domingo la decimotercera Champions League de su historia con una actuación que no dejó lugar a la duda: 37-34 ante un Füchse Berlin que llegó con hambre, energía y la mejor temporada de su historia, y que se encontró con un equipo que sabe exactamente cómo ganar esto. El LANXESS arena vio cómo los azulgranas construyeron la victoria ladrillo a ladrillo, sostuvieron el tipo cuando Berlin amenazó con reducir la renta, y cerraron el partido sin dejar que la tensión llegara a convertirse en peligro real.
Dos partidos, dos victorias. El Barça salió de Colonia sin haber perdido un solo set. Y Carlos Ortega se convierte en el entrenador con más títulos europeos de la historia del balonmano de clubes.
La final que Berlin no pudo romper
Füchse Berlin llegaba a la final con el empuje de quien había hecho lo más difícil: eliminar al campeón defensor el día anterior. La semifinal contra Magdeburg les había dado ritmo, confianza y una inercia que en el balonmano tiene un peso enorme. El LANXESS arena esperaba un partido abierto, de alta velocidad, con Mathias Gidsel repartiendo juego y el equipo berlinés intentando convertir la final en una carrera de sprints donde el cansancio físico y mental se convirtiera en factor determinante.
El Barça leyó exactamente ese guion. Y lo desactivó.
El partido arrancó igualado: 2-2 en los primeros minutos. Ese fue el único momento de equilibrio real. Desde ahí, los azulgranas fueron sumando de forma metódica, sin conceder espacios en transición, construyendo desde atrás con Emil Nielsen como primer escudo y gestionando el ritmo del partido con una frialdad que a estas alturas es casi una seña de identidad del equipo de Ortega.
El dato que resume mejor la primera parte de Berlin: Mathias Gidsel, el hombre que había marcado 144 goles en la temporada regular —el máximo de la historia en una sola edición de la Champions—, no anotó hasta el minuto 25. En ese momento, el Barça ya ganaba por cinco goles. Lo que debería ser la pieza más peligrosa del Füchse fue neutralizada durante toda la primera mitad por una combinación de defensa colectiva, lectura posicional y la presión constante que el 5:1 azulgrana ejerció sobre la construcción berlnesa.
El descanso llegó con un 20-16 favorable al Barça. Una diferencia que, contra Berlin, no era cómoda. Pero sí suficiente para trabajar desde la calma.
Berlín aprieta, el Barça no cede
El segundo tiempo fue diferente. Füchse salió al descanso con otra disposición. Gidsel empezó a encontrar espacios, la defensa berlnesa se ajustó, y el equipo empezó a funcionar más como el equipo que había fascinado durante toda la temporada. Las diferencias de cinco y seis goles que el Barça había acumulado empezaron a reducirse.
En el momento más peligroso del partido para Barcelona, el marcador llegó a 33-31. Dos goles. El Füchse olía la sangre. El LANXESS arena rugía. Y entonces apareció el Barça.
No el Barça nervioso que en la semifinal había visto cómo Aalborg le arrastraba a la prórroga. El Barça frío. El que sabe que en estos momentos no hay que acelerar, sino controlar. Nielsen hizo una intervención clave bajo palos en el momento de máxima presión. Blaž Janc marcó un gol de más mérito del que parece. Domen Makuc fue implacable desde la línea de seis metros. Y la renta volvió a abrirse.
El 37-34 final no refleja del todo la diferencia real de nivel entre los dos equipos en los momentos decisivos. Berlin lo intentó con todo —incluyendo dos tarjetas rojas que complicaron aún más las cosas— pero el Barça nunca les dejó creer que podían ganar este partido.
El decimotercer título de una historia que sigue
Carlos Ortega suma su noveno título europeo como entrenador de clubes. Es el récord histórico de la competición. Y lo hace con un equipo que podría haber justificado la derrota en Colonia —llegaron al FINAL4 tras una semifinal en la que fueron a prórroga— y que sin embargo salió a la pista con una claridad de ideas que hace que todo parezca sencillo cuando no lo es.
Emil Nielsen fue determinante. En los momentos donde el partido amenazó con complicarse, el portero danés apareció con la solidez de quien sabe exactamente lo que hace. Los números finales no reflejan todo lo que aportó: fueron las intervenciones en los momentos correctos, no la cantidad, lo que hizo la diferencia.
Janc, Makuc y Luís Frade en la línea de seis metros mantuvieron al equipo en su posición ofensiva más cómoda. Y un Barça que nunca renunció a su estructura, que no intentó ser más rápido de lo que el partido necesitaba y que ejecutó el plan de Ortega con la precisión de quien ha hecho esto muchas veces, recogió lo sembrado.
Füchse Berlin puede salir de Colonia con la cabeza alta. Su temporada ha sido extraordinaria. Gidsel cerró el año como el mayor goleador de la historia en una sola temporada. La semifinal contra Magdeburg fue uno de los partidos más intensos de los últimos FINAL4. Y el proyecto berlinés tiene ahora la certeza de que puede pelear por esto.
Pero hoy Colonia es azulgrana. El LANXESS arena vio al mejor equipo de Europa levantar el trofeo. Y el balonmano europeo puede prepararse para seguir discutiendo si alguien será capaz de quitarle esto al Barça.
Director · Liftados
El Barça no ganó la final en el minuto 60. La ganó en los primeros veinticinco.
Lo que más me ha impresionado de esta final no es el resultado, ni el nivel de Barcelona durante los 60 minutos. Lo que me ha impresionado es lo que hizo el Barça con Mathias Gidsel en la primera parte. El mejor goleador de la historia de la Champions en una sola temporada —144 goles en la liga regular— no marcó hasta el minuto 25, cuando el partido ya estaba roto. No fue casualidad. Fue un plan defensivo ejecutado a la perfección.
El Barça no intentó parar a Gidsel individualmente. Eso no funciona. Lo que hizo fue cortar los balones antes de que llegaran a sus manos: el 5:1 presionando la construcción de Berlin, Nielsen mandando sobre la portería, la defensa sin ayudas innecesarias. Y cuando Gidsel finalmente recibió el balón con espacio, ya iban cinco abajo. En ese contexto es mucho más difícil ser Gidsel que cuando el partido está abierto.
Berlin lo intentó en el segundo tiempo. Se pusieron a dos goles. Y ahí apareció Nielsen otra vez. Y Janc. Y Makuc. Eso es lo que tienen los equipos que han ganado trece veces esto: saben exactamente qué hacer cuando el partido aprieta.
Füchse Berlin tiene mérito enorme. Han hecho una temporada histórica. Pero el balonmano europeo tiene un problema: mientras el Barça siga teniendo a Ortega, a Nielsen y a esa capacidad para no romperse en los momentos clave, va a ser muy difícil quitarles el título.
Colonia 2026 ha sido un FINAL4 de los que se recuerdan. Dos partidos épicos el sábado, una final que prometía más emoción de la que al final hubo. El campeón lo fue de principio a fin. Y eso, a veces, es lo más difícil de aceptar para el rival.


