Un esguince de tobillo cada nueve partidos. Esa es, a grandes rasgos, la factura que paga el balonmano de élite por un gesto tan cotidiano como un cambio de dirección. Un estudio biomecánico publicado en noviembre de 2025 en Sports Biomechanics acaba de poner cifras y fotogramas a lo que muchos entrenadores sospechan desde hace años: la zapatilla no solo protege, también puede estar en el origen de la lesión. Y el mercado de calzado específico, con lanzamientos como el nuevo Adidas Novaflight 2, sigue vendiendo velocidad y agarre sin resolver del todo ese problema.
El tobillo, el eslabón que siempre cede
Los números llevan una década diciendo lo mismo. El estudio de referencia en España, publicado en Apunts Sports Medicine sobre 496 jugadores de un club del sur de Europa durante cinco temporadas, registró 557 lesiones en 117.723 horas de exposición. El tobillo concentró el 18,1% de todas ellas, por delante de la rodilla (15,3%), el muslo (12,9%) y la zona lumbar (10,6%). Dentro de las lesiones ligamentosas, el esguince de tobillo representó el 51,3% del total, con una media de 9,2 días de baja por episodio.
No es un dato aislado ni antiguo. Una revisión sistemática reciente sobre baloncesto, balonmano y voleibol —deportes con patrones de corte y frenada similares— vuelve a situar las lesiones de extremidad inferior como las más prevalentes del grupo. El patrón se repite temporada tras temporada porque el gesto que lo provoca (fake-and-cut, frenada brusca, cambio de apoyo) es estructural del juego. No se puede entrenar para eliminarlo. Solo se puede intentar proteger mejor el punto de apoyo.
Lo que revela el estudio biomecánico de 2025
Aquí es donde el trabajo de Bagehorn, Bill, Mai, Krosshaug y Kersting (Universidad de Aalborg, Universidad Alemana del Deporte de Colonia y Centro Noruego de Investigación de Traumatología Deportiva) aporta algo que escaseaba: datos cinemáticos y cinéticos de un esguince real, no simulado, registrado durante un movimiento de corte específico de balonmano en una jugadora.
Los investigadores compararon el trial de la lesión con seis intentos previos de la misma atleta. Los ángulos de flexión plantar, inversión y rotación interna del tobillo lesionado fueron sustancialmente mayores que en los intentos de referencia, con el pico entre los 190 y los 200 milisegundos tras el contacto inicial con el suelo. El momento de inversión y rotación interna se disparó. Pero el dato que más interesa a quien diseña o elige una zapatilla es otro: el coeficiente de tracción en el contacto inicial, junto con la posición del tobillo y la cadera y la longitud de zancada, apuntaban a un "desajuste preparatorio" antes de que el pie tocara el suelo.
«No fue un exceso de agarre lo que provocó el esguince, sino una combinación de apoyo mal preparado y una interacción zapatilla-superficie que no amortiguó el error.»
Traducido: los propios autores concluyen que la interfaz zapatilla-pista debe considerarse "un factor importante" en el mecanismo lesional. Es la primera vez que se documenta esto con datos biomecánicos de un esguince accidental real en balonmano, no en laboratorio con protocolos controlados.
Esto conecta con una discusión que ya existe en el diseño de calzado deportivo: la tracción no es una variable que deba maximizarse sin más. Demasiado agarre en el momento equivocado del apoyo impide que el pie deslice ligeramente para disipar la fuerza rotacional, y esa rigidez es la que termina cargándose el ligamento peroneoastragalino anterior. Dispositivos como Spraino, un sistema de baja fricción desarrollado específicamente para deportes de pista cubierta, parten de esta misma lógica: reducir la tracción en el instante crítico del apoyo lateral reduce la incidencia de esguinces, según los ensayos publicados en Foot and Ankle Surgery.
Lo que ofrece el mercado en 2026
La oferta actual de zapatillas de balonmano no ha ignorado el problema, pero tampoco lo ha puesto en el centro. Los modelos mejor valorados este año compiten sobre todo en tres ejes: peso, estabilidad lateral y amortiguación reactiva. El discurso comercial gira en torno a la explosividad y el retorno de energía, no en torno a la gestión inteligente de la tracción en apoyos comprometidos.
En la parte alta del ranking están la Puma Accelerate Nitro SQD 5 —la mejor zapatilla de balonmano para extremos y laterales según nuestro análisis— y la Adidas Stabil 16, referencia para pivotes y centrales que necesitan máxima estabilidad lateral. Ambas dominan las comparativas técnicas de 2026.






